El cambio de hora

Me gustaría comentar en esta entrada algo que se nos lleva inculcando desde hace décadas. El cambio de hora que hacemos dos veces cada año.

Cada vez que esto se produce, sólo tienes que encender la televisión o comprar el periódico para regalarte con los extensos y exhaustivos artículos que quieren, ya no convencernos, sino fijar la idea del beneficio económico y el ahorro de recursos que suponen en nuestra sociedad.

La pregunta es: ¿realmente ahorramos tanto?

Pues realmente el ahorro que generamos es ínfimo, en comparación con el esfuerzo que empleamos. Se trata de una de esas arrogantes iniciativas humanas con la que intentamos demostrar que estamos por encima de la naturaleza, pudiendo controlar y manipular a nuestro antojo el entorno y sus ciclos. Y luego está el problema asociado de sincronizar con los países que nunca cambian la hora…perdida de tiempo y recursos.

Como bien expone este vídeo, el cambio de hora estaba bien hace un siglo, pero actualmente el consumo de energía a cambiado tanto como nuestros hábitos.

Pero no sólo se reduce a un problema económico, este cambio también puede provocar alteraciones en nuestro sueño y el ritmo biológico de nuestro cuerpo. Me refiero a nuestro ritmo circadiano, que se refiere a nuestro ciclo corporal de vigilia y sueño.

Como cualquier otro animal o planta, este ciclo nuestro se asemeja y adapta al ritmo día/noche de 24 horas. Esta periodicidad se traduce en una oscilación de la temperatura corporal (de casi 1ºC): alcanza un mínimo dos o tres horas antes de despertarse y un máximo por la tarde.

Por esto tenemos tres ciclos: el de la consciencia (vigilia/sueño), el de la actividad orgánica (temperatura corporal) y el del ambiente (día/noche). Y se plantea por eso la cuestión de qué relación tienen. Si no hubiera día ni noche, ¿seguiríamos durmiendo cada 24 horas?¿Seguiría variando la temperatura de nuestro cuerpo? Una manera de empezar a responder a estas preguntas es pasando unos meses en una cueva.

Para estudiar estos ritmos Michel Siffre se recluyó voluntariamente durante seis meses en una cueva en 1972.

Al principio todo marchó como de costumbre: ciclos de vigilia/sueño de 26 horas (cosa que ya habían observado en estudios realizados en laboratorios con animales y personas), sincronizados con el ciclo de temperatura. En el día 37, sin embargo, ocurrió algo extraño. Siffre “trasnochó”, para dormir luego 15 horas seguidas. A partir de ahí, su patrón de sueño perdió aparentemente toda regularidad, incluyendo días de 40 ó 50 horas. Mientras, su temperatura corporal mantuvo, imperturbable, su ciclo de 26 horas. Los dos ciclos se habían desacoplado.

Este extraño fenómeno se ha llamado desincronización interna. En cuanto el sujeto empieza a vivir en la cueva, sus ciclos internos adoptan su periodo propio (Free Runing Period, FRP) y pierden la sincronía con el mundo exterior. Pero cuando pasan muchas semanas, sus ciclos de temperatura y sueño pierden también su sincronía. Esto es algo sorprendente (por ejemplo, desmiente la idea de que la temperatura baja durante el sueño por la inactividad del organismo). Pero quizá lo más curioso es que este estado sólo se ha encontrado en los seres humanos. Da la impresión de que sólo en nosotros el ciclo vigilia/sueño, el ciclo de la consciencia en definitiva, tiene una entidad que no se reduce a la fisiología.

Este experimento de Siffre provocó mucha incertidumbre en relación a los ciclos circadianos y sus regulaciones y fueron E. Weitzman y C. Czeisler con voluntarios encerrados en un hospital de Nueva York quienes pudieron establecer cómo depende la probabilidad de dormirse de la temperatura corporal.

Como puede verse, la probabilidad de caer dormido varía mucho a lo largo del ciclo de temperatura. Hay dos regiones características (zonas prohibidas) en las que es muy difícil dormirse, y otras dos de máxima somnolencia: las marcadas como “siesta” y “zona zombi“.

Esto puede parecer trivial hasta que uno cae en la cuenta de que los resultados se refieren a sujetos (a) desincronizados del ambiente y, además (b) en desincronización interna. Lo que define las cuatro regiones destacadas no es en absoluto la hora del día (hemos puesto en el eje x un valor convencional, razonable para un sujeto sincronizado con el ambiente) sino su posición en el ciclo de temperatura. De modo que el punto marcado como “siesta”, en virtud de (a), puede ocurrir a cualquier hora del día . Y en virtud de (b), puede ocurrir en cualquier punto del ciclo de sueño: al poco de despertarse o muchas horas después. La somnolencia en la siesta no tiene que ver por tanto con que hayamos comido mucho o estemos a mitad del día, sino con el reloj circadiano de temperatura corporal. Nos entra sueño porque está en la fase de subida de temperaturas y eso significa “sueño”.

Esto tiene consecuencias importantes, porque ese reloj es inamovible: recordemos que al estar expuestos al ciclo día/noche adquiría un periodo de 24 horas, pero su fase no era ajustable. De modo que el trabajador en un turno de noche no va a poder hacer el mismo horario que el trabajador en el turno de mañana, “cambiando a.m. por p.m.”. Por mucho que se levante a las 8 de la tarde, va a tener el diagrama de somnolencia de la figura de arriba. Tendrá problemas si se va a dormir a las 12 del mediodía: estará en la zona prohibibida de la mañana, y probablemente no conciliará el sueño. Deberá esperar a la hora de la siesta, y seguramente dormirá menos horas de las aconsejables. Peor aún, durante su trabajo atravesará la “zona zombi“, con su atención disminuida. Se ha demostrado que en ese periodo (más o menos entre tres y seis de la mañana) las estadísticas de accidentes se disparan: es la hora a la que ocurrieron las catástrofes de Bhopal, Chernobyl y Three Mile Island.

Pero hay más consecuencias. Strogatz relata un experimento en el que a un estudiante se le obligó a vivir con un día de 23,5 horas. La variación parece mínima, pero los resultados fueron muy notables: tenía problemas para dormir, y según fue transcurriendo el experimento, su insomnio se agravó. Llegó amenazar con dejar el experimento. El problema estaba en que el pequeño acortamiento empujó la hora de irse a la cama hacia la zona prohibibida de la tarde; al sincronizarse el ciclo de temperaturas con el ciclo ambiente, esa zona quedó anclada justo a la hora de acostarse. Finalmente, se acortó aún más el día, a 23 horas, y por fin encontró un alivio: el ciclo de temperaturas ya no pudo sincronizarse con un ciclo externo tan corto, y la zona prohibida perdió el ancla y empezó a “derivar” por el horario del sujeto.

Este experimento tiene relación con una curiosa asimetría del jet-lag: es mucho más llevadero cuando se viaja hacia el oeste que cuando se viaja hacia el este. Viajando hacia el oeste tenemos un día más largo, y eso (además de ir a favor del ritmo circadiano de la mayoría de las personas, que es de más de 24 horas) lleva la hora de dormir lejos de la zona prohibida de la tarde, hacia la zona zombi: no hay problema para conciliar el sueño. Viajando hacia el este el día se hace más corto, como el del infortunado estudiante del experimento.

Ahora podemos entender mejor por qué no es extraño que el cambio de hora tenga efectos de largo alcance. Y por qué el mini jet-lag producido por el cambio al horario de otoño (alargar una hora un día) se lleva mucho mejor que el producido por el cambio al horario de primavera (acortar una hora un día).

Espero que os haya interesado. La mayor parte de la entrada está sacada del blog de Pseudópodo y si queréis profundizar más os recomiendo que leáis estos artículos o éste que habla un poco sobre las personas “alondras” y las personas ” búhos” y su relación con el éxito laboral.

1 comentario
  1. Irmaxxx dijo:

    Que te crees, del mundotoday????? Flipaooooooooooooooo,jejejeje

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: